lunes, julio 16, 2007

Western shakesperiano


"Deadwood" es el enésimo descubrimiento de Boyero en la HBO, esta vez se trata de una serie western, capaz de atraer hasta a aquellos a los que no nos gusta el género - salvo contadas excepciones como "Sin Perdon" o "Centauros del Desierto".

La serie de marras está ambientada en un poblacho de la América profunda, rodeado de impresionantes bosques y de filones de oro de dudosa rentabilidad. "Deadwood" esta sobrada de presupuesto, cada capítulo de una hora es una película en sí misma, en la que podemos llegar a percibir el hedor pestilente de ese pueblo embarrado, en el que jamás veremos pasar una bola de paja por la calle, ya que, por alguna extraña razón, está siempre lleno de gente.

En lugar de las habituales vestimentas de cowboy, la mayoría de los protagonistas llevan trajes de tweed, bajo los que intentan esconder sus nunca desinteresadas intenciones. Los indios están al acecho para cortarnos la cabellera y las leyes son un tanto arbitrarias. Los caciques del poblacho son los dueños de esos saloones en los que los paisanos juegan al poker o a los dados, hasta conseguir la cantidad necesaria para pasar un buen rato con las meretrices del lugar.

Al igual que en los Soprano, no conviene encariñarse demasiado con ningún personaje, porque en cualquier momento pueden volarle la tapa de los sesos, por muy protagonista que pareciera ser. Las armas están por todas partes, las palabras más escuchadas son fucking/cocksucker y el instinto de supervivencia es lo único que les permitirá ver la luz del sol al día siguiente.

Los actores de "Deadwood" son tan creíbles como desconocidos, parecen teletransportados en el tiempo desde aquella época en la que Ab Lincoln escrutaba el panorama desde su omnipresente cuadro en las paredes de los sitios públicos, esperando que pasara algo, sabiendo que cualquier suceso inesperado era capaz de convulsionar esa pequeña sociedad tan moderna y supuestamente libre en su concepción, como atávica en sus costumbres.

Al principio cuesta empezar a verla, porque es lenta y es complicado hacerse con los personajes, pero después de unos pocos capítulos es imposible no engancharse a esta pequeña joya de la televisión, que nunca tendrá un hueco en nuestras cadenas en abierto; pero que con la magia de Internet, puede llegar a nuestras casas con la misma rapidez y crueldad con que las balas silvan en el horizonte no tan lejano de Deadwood.

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