lunes, julio 02, 2007

Don Pacino


"Hay que aceptar las cosas malas junto con las buenas. Todo es parte de tu identidad, de tu lucha. ¿Por qué deshacerte de algo que has hecho? Me molestaría muchísimo poder eliminar las películas malas. Hay películas que yo no quería hacer y que salieron mal, y hay películas que realmente no quería hacer y salieron bien. ¿Qué puedo decir? Tuve la suerte de tener esas oportunidades."

"Conversaciones con Pacino" es una recopilación de encuentros con uno de los actores más grandes de las últimas tres décadas. Alguien que odia las entrevistas y a los periodistas casi tanto como la fama, pero que con los años ha aprendido a vivir con todos ellos. Un interprete shakespiriano de pura raza que, casi sin quererlo, ha protagonizado algunas de las mejores películas de la historia.

Después de tantos años en la cumbre, Pacino no tiene el menor interés en saldar viejas deudas con detractores o ex-compañeros de reparto, convirtiéndose en la antítesis del Don Corleone que le llevó al estrellato y sólo parece lamentar hasta el infinito la ausencia de Robert Duvall y Winona Ryder en la tercera del Padrino.

Su excentricidad es producto de su genialidad, Larry Grobel nos intenta inculcar esta idea desde el principio del libro. Tras la desconfianza inicial, Larry y Pacino acaban siendo íntimos. Con los años, Alfredo se ha convertido en un mito para sus compañeros de profesión y un icono relleno de celuloide para el resto de los mortales.

A través de las conversaciones, Al nos permite adentrarnos en su cara más oculta, la de pater familia sesentón que disfruta viendo corretear a sus gemelos por el jardín, mientras declama versos del Bardo eterno.

Al final, la familia acaba siendo fundamental para Pacino: un personaje tímido, con miedo al compromiso, que se olvida quién es y de dónde viene cuando esta enfrentándose a si mismo sobre las tablas. Histrión o no, ha amasado una fortuna como el que no quiere la cosa, cambiando las aceras de Nueva York por las autopistas infernales de Los Angeles.

Con "Looking for Richard" se convirtió en director accidental, sabiendo de sobra que para él actuar es más necesario que respirar. El justo desorden de su casa esconde tesoros como ese único poema que dedicó a su hijo recién nacido. Si alguna vez os preguntasteis que pasa por la cabeza del Don, la respuesta más aproximada está en las "Conversaciones con Pacino". Bona sera.

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