“The Last Season” es el diario novelado de la temporada 2003-04 de los Lakers, y su autor no es otro que Phil Jackson. Cualquier deportista que escribe un libro es sospechoso de hacerlo sólo por la pasta, pero después de leer el mítico “Canastas Sagradas”, el tío Phil se merecía al menos el beneficio de la duda.
miércoles, agosto 30, 2006
Por amor al baloncesto
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crooner79
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martes, agosto 29, 2006
Sin perder el juicio
La primera vez que ves a Vin Diesel caracterizado en "Declaradme Culpable" te preguntas qué clase de broma es esa. Cuando te enteras que esta basada en una historia real y el director de la cinta es Sidney Lumet sospechas que tal vez se esconda algo interesante dentro de ella.
Empieza como la típica película de mafiosos, con cierto toque de parodia. El personaje que interpreta Diesel se comporta como un payaso con escasa gracia. Pero al final te das cuenta de que la cosa iba en serio, y su temática es de lo más interesante: habla de la traición, la fidelidad y no se cansa de recordarnos que una de las peores cosas que se puede ser en la vida es un soplón.
En un género más que trillado, Lumet propone algo nuevo y lo hace con la maestría de quien dirigió "Serpico" y "Tarde de Perros" hace ya tres décadas. El viejo zorro, por muchos Oscars honoríficos que reciba, morirá con las botas puestas. Le queda cuerda para rato y sabe que hoy en día pocos tienen su capacidad para dirigir películas con trasfondo.
El genial Peter Dinklage vuelve a demostrar en esta cinta que su talento es inversamente proporcional a su tamaño. Su interpretación es la templanza personificada, ejecutando un ejercicio de dignidad y comprensión perfectos. Su personaje consigue que en los momentos más ridículos de Diesel no tiremos la toalla y mantengamos intacta la esperanza de que la película no va a ser tan mala como a ratos parece.
"Declaradme Culpable" narra la historia de un multitudinario juicio RICO - uno de esos legalismos que los yankees se inventaron para cazar a los mafiosos. Diesel se cansa de su abogado y acaba defendiéndose a sí mismo, al principio con exabruptos y al final con oficio. Hay muchas clases de héroes de película y en esta Diesel no necesita enseñar los músculos para reencarnarse en uno de los menos habituales: los que no se venden.
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crooner79
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Etiquetas: cine
domingo, agosto 27, 2006
Piel de cocodrilo
La liga empieza otra vez, parece que fue ayer cuando veíamos el Mundial bajo el efecto de los comentarios de Montes. Como cada fin de verano, desde los medios de comunicación nos intentan vender que esta liga será la mejor de la historia, que los equipos se han gastado más millones que nunca y se la vuelve a llamar “La liga de las estrellas”.
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jueves, agosto 24, 2006
Afeitado apurado
Pacey es un tipo que nunca tendrá una serie que lleve su nombre y que soporta estoicamente como capítulo tras capítulo el tristón Dawson abusa de una enfermiza melancolía.
Su padre y hermano mayor siempre le recordaban que sería un fracasado, según ellos a lo más que podía aspirar era a trabajar en una gasolinera, viendo pasar coches que jamás podría comprarse.
Como no era el protagonista, Pacey siempre se tenía que conformar con la chica equivocada: profesoras pseudopederastas, esquizofrénicas y otras tantas mujeres disfuncionales conforman su curriculum amoroso. Pacey nunca podría aspirar a robarle la chica al prota ¿o si?
Joey es una mujer de belleza poco común, que unos años más tarde acabará dejándose seducir por la cienciología y su profeta de la eterna sonrisa. El de Pacey y Joey es un amor imposible, porque el mejor amigo del prota no tiene derecho a quedarse con su chica. A lo más que puede aspirar es a que le hagan un spin-off y alli todo gire a su alrededor, con los consabidos cameos de sus antiguos compañeros de reparto.
Pero un día Joey se da cuenta de que detrás de su aparente odio por Pacey se esconde una atracción irrefrenable y nuestro antihéroe conquista a la chica. Su osadía le costará a Pacey la amistad de Dawson y como su historia es imposible los tortolitos tendrán que romper. Él nunca podrá olvidar a la tal Joey, por mucho que en sucesivas temporadas se tire a todas la mujeres que pueda, cuanto más locas mejor.
Pero los guiones de TV, como la vida, a veces son impredecibles. En la última temporada el perdedor Pacey se transforma en un aprendiz de broker y empieza a tener el dinero por castigo. A lomos de su impecable BMW, Pacey surca las calles de Boston, derrochando billetes verdes y visitando casi a diario el Acuario de Nueva Inglaterra en la hora de la comida: le relaja ver especies marinas nadando en el inmenso estanque central.
Su padre y hermano ahora le hacen la pelota, y él no es rencoroso. Lo único que le interesa es mirar hacia delante, porque en el fondo sabía que nunca sería un fracasado, al menos mientras pusiera corazón y pelotas en todo lo que intentaba.
En uno de los actos finales, Pacey y Joey se quedan una noche encerrados en un supermercado. Sin más personajes que ellos, construyen una contundente historia de amor y redención. El nuevo Pacey triunfador se deshace de su estúpida perilla y su pelo para arriba, volviendo a ser el Pacey de siempre: ese lampiño perdedor, despeinado y sarcástico.
Como en el corto de Scorsese "Afeitado Apurado", todo gira en torno a la espuma y la cuchilla. A golpe de filomatic, el viejo Pacey vuelve cual ave fénix resurgiendo de sus cenizas, para recordarnos que por mucho que cambiemos la esencia tiene que perdurar.
Todavía está en el aire como acabará todo, pero ¿a quién le importa? En ocasiones una sola noche justifica una vida y en TV un capítulo soberbio da sentido a seis temporadas de adictiva ñoñería entremezclada con algunos momentos brillantes.
Pacey será recordado como uno de los personaje más muchachescos de la TV, un tipo que no estaba llamado a ser el protagonista, pero que se atrevió a desafiar a todos aquellos que decían que no era lo suficientemente interesante como para tener su propia serie.
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viernes, agosto 18, 2006
La Roja de la ÑBA
Mañana empieza un mundial de baloncesto en el que por primera vez España es una seria aspirante al título. Dos hombres tienen la llave para convertirnos de una vez por todas en los más grandes: Pepu Hernández y Pau Gasol.
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miércoles, agosto 02, 2006
Más madera
Indurain fue uno de mis primeros ídolos deportivos. Recuerdo con una sonrisa aquellas míticas etapas del Tour a principios de los 90 mientras el resto de la casa dormía la siesta. El tipo era, y sigue siendo, un auténtico soso, pero, a la vez, era el más grande. Aquellos cinco Tours consecutivos son uno de los hitos más gloriosos del deporte patrio y es muy difícil que alguna vez se igualen por uno de los nuestros.
Miguelón nunca fue un Carpanta de los triunfos de etapa, le gustaba ceder las victorias parciales a los que le ayudaban a subir las cuestas y él siempre fue a su ritmo, sin importarle mucho lo que hicieran los demás. No era un buen escalador, pero era imbatible contra el crono. Él fue el precursor de los campeones españoles sin complejos: Nadal, Alonso, Gasol y demás, tuvieron en su infancia un espejo en el que mirarse y pensar que ellos podían ser tan buenos como cualquiera en el mundo.
Lo que más recuerdo de aquella época es las tardes sin siesta pegado a la tele, aunque la etapa fuera un coñazo. Las noches de Larguero, cuando te contaban que estaban durmiendo en un colegio. Aquellos Giros que coincidían con los exámenes y las primeras tardes libres del verano. Los Tours hacían más soportable el calor y aburrimiento veraniegos.
La penosa última temporada en activo de Indurain nos intentaron vender que Olano era su heredero natural, pero a mí nunca me gusto. Me parecía un sucedáneo de Miguelón, un calzonazos con mucho menos coraje y talento sobre las dos ruedas. Mi nuevo ciclista favorito era italiano y se le conocía como "El Pirata".
La leyenda decía que Pantani era el mejor en la montaña porque odiaba tanto las etapas en alto que se esforzaba al máximo para que se acabaran cuanto antes. Aquel tour del 98 Pantani se subió a la chepa del aparentemente inexpugnable Ullrich y se coronó campeón, convirtiéndose en el primer especialista en la montaña que lo conseguía desde los tiempos de Perico.
Mientras, en la Vuelta, disfrutábamos de nuestro propio Pantani: el genial Chaba Jiménez. El avulense ejercía de Curro Romero del ciclismo, regalándonos victorias épicas en cimas inhóspitas como el Angliru. El Chaba nunca ganaría una gran ronda, pero jamás dejaría que nos aburriéramos en una etapa de montaña. Era un tipo carismático como pocos, al que con facilidad se le perdonaban su irregularidad y falta de ambición.
El amigo que me contó el positivo de Pantani en el Giro fue el mismo que me mandó un SMS el día que murió. El principio del fin de mi afición a este deporte coincidió con la descalificación del Pirata en la ronda italiana. Todos sospechábamos que aquellas míticas victorias en alto no eran sólo fruto de los spaguettis y filetes, pero no esperábamos que le pillaran dopado con la maglia rosa puesta.
Lo que vino a partir de entonces fue el rodillo de Armstrong. El superhombre que había vencido al cancer se convirtió en el máximo exponente del Sueño Americano. Un tipo capaz de derrotar a la muerte y de proclamarse campeón 7 veces en un territorio hostil, pero que cuanto más ganaba más antipático se hacía, hasta llegar a ser insoportable fuera de su país.
Las muertes de Pantani y el Chaba fueron muy tristes para el ciclismo, pero lo peor de todo es que nadie aprendió nada de ellas. El positivo de Landis es una muesca más en la debacle de un deporte que parece incapaz de tocar fondo del todo, aunque sólo sea para volver de una vez a la superficie.
No sé cuanto hace que no veo una etapa del Giro, la Vuelta o el Tour. El ciclismo profesional me da asco. Corredores, mánagers, organizadores, patrocinadores y aficionados tienen las manos manchadas. Todos miran para otro lado mientras se confirman las sospechas de que este deporte está adulterado por todas partes. Lo peor sin duda es que chavales sanos pongan en juego su salud por un puñado de euros.
Todo esto apesta, lo único que puede salvar al ciclismo es que los máximos responsables se replanteen la dureza de las etapas y la duración de la grandes vueltas. Es hora de que la UCI decida si quiere ser la cuna de una cuadrilla de superhombres narcotizados o una federación deportiva seria. Mientras el planteamiento de las etapas no cambie siempre habrá un Eufemiano dispuesto a proporcionar pociones mágicas a los ciclistas.
García: - Indurain: ¿te dopaste alguna vez durante tu carrera deportiva?
Miguelón: - Otro tema, otro tema ...
García: - Pero Miguel, responde, que te esta oyendo toda España.
Miguelón: - Otro tema, otro tema ...
Aquellas tardes frente a la tele estuvieron muy bien, pero yo al menos prefiero que la próxima vez que le pregunten esto a un campeonísimo del Tour pueda decir alto y claro: NO.
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crooner79
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