miércoles, julio 09, 2008

Post de Viena que convalida el post de España Campeona de Europa



Ya no nos moriremos sin haber visto a la selección absoluta de fútbol ganar un título. La noche del 29 de junio, nos acabamos de quitar las telarañas y esa vitola de perdedores sin suerte que nos acompañaba desde tiempos inmemoriales. Viena fue el escenario del triunfo, la misma que un día fue capital del Imperio Austro-Hungaro, la de Sissi Emperatriz, Mozart y, sobre todo, la de "El Tercer Hombre".

La capital de Austria se ve en un par de días, siempre que no se sea adicto a los museos o se disfrute como un enano con la inmersión cultural. Los vieneses llaman Schnitzel al Cachopo y es su plato más emblemático; aunque no le ponen queso, ni salsa, ni pimientos, ni nada que no sea el propio escalope, que tampoco es tan grande como el de la Gaspara.

Viena está repleta de historias, de palacios, de inmigrantes otómanos y de todas las naciones del Este de Europa. Para nosotros siempre será la ciudad de Harry Lime y de la noria del Prater. El Danubio la baña con su caudal infinito, que a ratos se convierte en una improvisada playa cuando el sol calienta. La Stephansplatz es el centro neurálgico de una ciudad adicta a la música clásica y a un pasado más melancólico que traumático.

En Viena es imposible encontrar los colores de la roja, porque los afortunados que vieron la final en vivo, arrasaron con todo el merchandising que se fabricó pensando en un equipo que jamás pasaría de cuartos. Hay que quitarse el sombrero ante Luis por haber soportado a todos los que le han criticado durante años. Como ya sospechabamos, al final los que resisten son siempre los que ganan.

Las ciudades imperiales no son lugar para Muchachos, porque no acaban de entender por qué Adrián, Pertierra o el que fuera, jamás pasaban en clase del siglo XVIII. No paladeamos el valor de una cultura que nos es ajena y nos obsesionamos con la noche que nos liberamos por fin de todos nuestros complejos, una noche para presumir de equipo nacional después de infinitas decepciones.

La tarde que España cayó ante la Yugoslavia de Stoikovich en el Mundial de Italia 90, mi portero me dijo: "en noches como esta hay que irse a la cama sin cenar". Una mayoría de edad después, recuperé aquella cena, acabándola con una Sacher Torte frente a la Opera de Viena, esa ciudad en la que una noche de junio por fin nos dieron esa copa que tantas veces nos habíamos bebido: la de los mejores de Europa

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gran post, como no podía ser de otra manera, y grande ese guiño a la tierra asturiana y su cachopo. Ya nos contaras como lo has pasado por alli.
Señor Fo.