lunes, enero 26, 2009

Angelina y Clint


Clint Eastwood no encontró un hueco para si mismo en "El Intercambio", sobrepasada la barrera de los 70, ya solo le quedan por interpretar papeles residuales que, por supuesto, bordará. En un mes disfrutaremos de la que tal vez sea su última actuación: "Gran Torino".

Como dice Boyero, el clasicismo envuelve por todas partes el cine de Eastwood, sobre todo en sus últimas películas, en las que se está hartando de reivindicar su versatilidad como director, su inmenso talento para llevar las historias de otros a la pantalla, haciéndolas suyas gracias a una manera única de dirigir actores, vaciándolos de su personalidad propia hasta el último fotograma del metraje.

La oscuridad lluviosa envuelve a la Angelina de "El Intercambio", una mujer abandonada tan poco creíble como cuando hacía de esposa ignorada en "El Buen Pastor". Su físico condiciona unas actuaciones por encima de la media, aunque se vista de madre angustiada de los años 20, Angelina siempre será una de las criaturas más deseables sobre la faz de la tierra.

Clint Eastwood conoce formas infalibles para meternos el miedo en el cuerpo, ya las utilizó en "Mistic River", despertando a los demonios y a los lobos que habitan en nuestro subconsciente más profundo. Cuando se junta con su colega John Malkovich, Eastwood es capaz de actualizar cualquier historia, sobre todo si está infectada de corrupción y mentiras.

En los últimos minutos del metraje, nos reencontramos con Geoffrey Pierson, el mismísimo Jack Malloy que daba la réplica al Señor Floppy en "Infelices para Siempre". Irreconocible bajo un renovador halo de dignidad, este actor reivindica como nadie la magia de Clint Eastwood, su capacidad para sacar lo mejor de cualquier intérprete y hacernos creer que cualquier historia ocurrió de verdad.

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