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miércoles, diciembre 10, 2008

Más enganchado que nunca


Lo dice hasta el imdb, con su 9.7 de media, "The Wire" es la mejor serie de la historia de la televisión. Estoy a cuatro capítulos de su final definitivo y ya no es una cuestión de adicción, sino de saber que jamás he visto ni veré algo mejor en la tele.

Las malas calles de Baltimore son un microcosmos en el que se revelan todos los males de nuestra decadente sociedad. Allí los camellos conviven con paisanos que solo buscan sobrevivir sin que la mierda se apodere para siempre de sus existencias. Los maderos acechan en las sombras, espiando con sus artilugios y buscando no caer en la tentación de bajar los brazos, de dejarse seducir por la desidia, el alcohol y los polvos de medianoche.

Omar es un ladrón robinhoodiense que roba a los camellos y es respetado por toda su comunidad, imparte justicia porque alguien se tiene que ocupar de los asuntos que nadie quiere o se atreve a resolver. Los capos se suceden y van dando boleto a sus predecesores. El negocio es el negocio y su modelo no está escrito en los libros de economía. Siempre hay que liquidar cuentas pendientes para poder seguir avanzando en la trama.

Las vidas del reparto coral se irán cruzando sin olvidar ni perdonar viejos pecados, si no son listos, los buenos pasarán a peor vida, ya sea dando clase en un instituto o patrullando los muelles subidos en una lancha fueraborda. Los políticos venderán su integridad a cambio de una alcaldía, el senado o la presidencia del país. Besarán todos los niños que haga falta y pactarán con el diablo hasta conseguir los números que necesitan para ganar.

Algo se cuece en nuestras pantallas, los periódicos no paran de alabar una serie cuyas dos primeras temporadas ya están en DVD. No me cabe la menor duda de que su final estará a la altura del resto de la serie.

domingo, agosto 10, 2008

Reconciliación


La emoción de ver ganar la primera medalla de unos juegos reconcilia a cualquiera con un deporte proscrito en el que este año solo existe un país: el nuestro. El Dream Team del ciclismo ha venido a comérselo todo este año, con un estomago casi lleno y ganas de llevarse a todos por delante, sobre todo si son gabachos y cuestionan la limpieza de nuestros deportistas.

Nunca antes oí hablar del tal Samuel Sánchez, un "tapado" con ínfulas de crack, preparado mentalmente para dar una estocada definitiva en los últimos metros de un circuito mitológico, bordeado por la Gran Muralla China. Samuel jamás había oído hablar de Confucio y si no estuviera ganando medallas en Pekín, tendría su hueco en el descenso del Sella, bebiendo Sidra a dolor y recordando con nostalgia sus pillajes de cinco minutos, entre culín y culín.

Los de Pekín son los juegos de la hipocresía, el mirar para otro lado y ocultar la mierda debajo de la alfombra: para justificar los negocios con una potencia mundial ligeramente antidemocrática. "Business is Business" y aunque los deportistas no lleven publicidad en sus camisetas, la normalidad se compra con monedas Chinas, ceremonias inaugurales de extrema plasticidad y un buen puñado de records del mundo.

"La Conversación" se convierte en la gran decepción, la película descatalogada más esperada de la historia ha sido devastada por el paso del tiempo y es inevitable acordarse de "The Wire", que tampoco es un prodigio de innovación en los gadgets, pero le saca 20 años de adelanto en esto del espionaje psico-tecnológico.

Una tarde de extremo calor te reencuentras muchos meses después con el Cine de la SER, allí hablan de una serie de TV remake de "La Conversación". El locutor se refiere a ella como sacrilegio e imposible de alcanzar las cargas de profundidad de la cinta de Hackman & Ford. Creo que me he perdido algo y no paro de pensar en otra serie, la de la HBO que contará los orígenes de Atlantic City y en la que participará el mismísimo Scorsese.

miércoles, junio 18, 2008

No Drama



¿Qué pasaría si un Muchacho se convirtiera en una estrella de Hollywood y se llevará con él a otros tres chachetes para que vivieran todos juntos en un Mansuplón de Beverly Hills? La respuesta se llama "Entourage", otra serie de culto surgida por obra y gracia de la factoría HBO; y esta vez no ha sido Boyero el que nos la ha puesto hasta en la sopa. Se trata de un extraño cruce entre "El Juego de Hollywood" y la vida de los Muchachos si más que Muchachos fueran Amachumbradores y tuvieran su cuartel general en Estocolmo, en lugar de la árida Madrid.

Vinnie Chase es una estrella del celuloide en ciernes, originario del Queens más profundo, su sueño es convertirse en un actor de carácter, capaz de protagonizar el nuevo "Scarface", a la vez que disfruta de los placeres de la vida de joven muchimillonario entre rodaje y rodaje. Su "séquito" de amigos del barrio se encargan de mantener sus pies anclados al suelo del estado dorado, mientras flirtea con todo tipo de actrices y modelos, para intentar olvidar que hasta las estrellas más deseadas reciben unas buenas calabazas de vez en cuando.

Eric (más conocido como el hijo de Jack en la serie del Sr. Floppy) es el mejor amigo de Vinnie y , de paso, su manager. Es el listo del grupo y le toca dirigir la carrera de la fulgurante estrella para que la fuente de ingresos de este sequito no llegue nunca a secarse. Ataviado con una sempiterna camiseta de beisbol, comprada en Banana Republic, el bueno de Eric tiene que soportar cada mañana la llamada de las 6, en la que alguno de los otros representantes de Vinnie le despiertan para recordarle que él no es la estrella. Romántico empedernido, tendrá que elegir entre ser siempre un vividor o serlo solo a ratos, para no aniquilar todas sus valiosas neuronas.

Johnnie Drama es el hermano de Vinnie, un actor de culebrón venido a menos, que soporta con estoicismo el estrellato de su hermano pequeño. Él es el que prepara cada mediodía el desayuno, con mucha vitamina C, que siempre viene bien para las resacas. Más allá del alivio cómico está este Drama, un encajador nato que pelea por su carrera como si todavía tuviera alguna posibilidad de sacarla adelante.

"Turtle" o "Tortuga" es el tipo más sanote del sequito, un orondo enamorado de su Nueva York natal al que siempre le veremos vistiendo alguna camiseta de los Knicks o los Yankees. Él es el conductor y/o linze del séquito y, por ello, no le hace ascos a ningún buga ... ya sea un hummer, un maserati o un simple Ashton Martin. Atraviesa una mala racha con las féminas, que le viene durando desde que nació, y que demuestra que a veces ni los que viven más cerca de las estrellas lo pueden tener todo.

Ari Gold es el agente de Vinnie y su principal contacto con una industria que en "Entourage" se nos muestra en toda su crudeza. Ari es un judío vigoréxico que ya no se acuerda de la última vez que se tiró a su guapa esposa sin recurrir a la viagra; y que recuerda la primera vez que le hicieron una mamada como el día más feliz de toda su vida. Neurótico hiperestresado, es el personaje más redondo de toda la serie, un carpanta de Globos de Oro, Emmys y cualquier otra estatuilla que se le ponga a tiro. Lleva la carrera de Vinnie como si fuera la de su propio hijo, soportando los caprichos y la inmadurez de este séquito, a cambio de un buen porcentaje de todo lo que pille la estrella.

"Entourage" es mucho más que cientos de cameos de gente famosa interpretándose a sí misma: es una odisea sobre la amistad bañada en las turbias aguas de la soleada California; ideal para reconciliarse por el mundo el día que los Lakers sucumbieron finalmente ante los Celtics, ante la atenta mirada de estos guys, que, al parecer, están inspirados en la vida de Mark Wahlberg y el grupo de Muchachos que le rodearon en sus inicios.

lunes, abril 07, 2008

Peplum del nuevo milenio


De entre las joyas de la HBO, todavía me faltaba por ver "Roma" y fue en Semana Santa, la época por excelencia para los peplum, cuando me puse al día con un intensivo de la segunda temporada vía Cuatro. No fue difícil actualizarse, estaban los de siempre (Julio Cesar, Marco Antonio, Octavio, Cleopatra ...) y algunos personajes adosados, como Lucio Voreno y Tito Pullo.

Esta serie es al Imperio Romano lo que "La Pasión de Cristo" para la Iglesia Católica, si hubiera un sumo sacerdote de los Romanos, este tipo diría de la serie de la HBO: "Así es como tuvo que ser". La sangre se mezcla con el sudor, el barro y el semen para mostrarnos una sociedad tan viciosa como traicionera: la prehistoria de la Cosa Nostra, un buen puñado de mafiosos que ni siquiera sospechaban lo que eran.

La BBC también esta de por medio, los actores son bastante desconocidos, un elenco coral de tipos en toga sin otra aspiración que recrear un imperio en el que había tantas divinidades como ansias de justicia subjetiva. Los patricios se pasaban por la piedra a unos esclavos cada vez más rebeldes. El humor absurdo es la actualización de un género que resucitó con "Gladiator" y que con "Roma" ha alcanzado su máximo esplendor, la serie es tan buena que no necesita ser perfecta para enganchar hasta a los que no les atraigan mucho las de romanos.

El culebrón disfrazado de obra maestra es el ingrediente secreto de una serie que no se toma demasiado en serio a sí misma. Le sobra presupuesto y habla de algo que conoce todo el mundo, su mérito están en contarlo de otra forma: con más violencia, sexo y malas artes. Detrás de los sospechosos habituales, Voreno y Pullo construyen su historia como protagonistas que pasaban por allí, al más puro estilo Forrest Gump, haciendo constante apología de la amistad y la fidelidad a unos colores.

Condenada a la madrugá por falta de audiencia, esperaremos impacientes la tercera temporada, con las sandalias puestas y ganas de reverdecer viejos laureles: esos que nos contaban los libros de Sociales y veíamos cada Semana Santa en los Peplum de toda la vida, excelentes somníferos a la hora de la siesta

lunes, diciembre 03, 2007

Enganchados



"The Wire" es esa serie de la que siempre habla Boyero y que ninguna televisión se ha dignado a emitir en España, ni siquiera las cadenas más marginales o de pago. Intentemos aclarar a qué se debe su ausencia en nuestras pantallas.

"The Wire", "El Cable" o como quieran traducirla, es el enésimo producto televisivo de lujo cortesía de la HBO, la cadena que parió a "los Soprano", "A dos metros bajo tierra", "Roma" y "Deadwood". Esta vez la historia se sitúa en Baltimore (Maryland), urbe decadente y vecina de Washington D.C., la capital de los States.

Es una historia de drogas, de como el negocio de la droga hace girar el mundo a sus pies. Da igual en el bando que estés: camellos, polis buenos, maderos corruptos, políticos legales, Katxulis ... todos están en el mismo juego y muchas veces cambian de equipo con una facilidad pasmosa.

Ese Wire del que habla el título haría las delicias de cualquier ingeniero de telecomunicación. ¿Os acordáis de esos beepers que regalaba coca-cola, con los que algunos intentaban recibir mensajes hace una década? Pues, a parte de en algunos hospitales para llamar a los médicos de guardia, los camellos los siguen utilizando para comunicarse. Puede que os preguntéis por qué: la respuesta es que, nos guste o no, todas las conversaciones por móvil son facilmente pinchables. No penséis que vuestros secretos están a salvo, cualquiera puede escuchar lo que habláis por vuestros modernísimos celulares.

El reparto de la serie lo forman un elenco coral de más de treinta actores. El oficial Jimmy McNulty es lo más parecido que hay a un protagonista, pero no suele acaparar demasiados minutos, Él es tan solo el hilo conductor, el sempiterno antiheroe policial, mal divorciado y ninguneado por sus jefes. Las sucias calles de Baltimore esconden personajes que intentan escapar de un destino gris y húmedo, que les espera a la vuelta de cada esquina, cuestionando su continuidad en el mundo de los aparentemente no muertos.

En enero verá la luz la quinta y última temporada de "The Wire", una de las mejores series de la historia de la televisión. Mientras tanto en España, "Escenas de matrimonio" seguirá batiendo records de audiencia; los que contribuyen a ello: en el pecado llevan la penitencia.

lunes, julio 16, 2007

Western shakesperiano


"Deadwood" es el enésimo descubrimiento de Boyero en la HBO, esta vez se trata de una serie western, capaz de atraer hasta a aquellos a los que no nos gusta el género - salvo contadas excepciones como "Sin Perdon" o "Centauros del Desierto".

La serie de marras está ambientada en un poblacho de la América profunda, rodeado de impresionantes bosques y de filones de oro de dudosa rentabilidad. "Deadwood" esta sobrada de presupuesto, cada capítulo de una hora es una película en sí misma, en la que podemos llegar a percibir el hedor pestilente de ese pueblo embarrado, en el que jamás veremos pasar una bola de paja por la calle, ya que, por alguna extraña razón, está siempre lleno de gente.

En lugar de las habituales vestimentas de cowboy, la mayoría de los protagonistas llevan trajes de tweed, bajo los que intentan esconder sus nunca desinteresadas intenciones. Los indios están al acecho para cortarnos la cabellera y las leyes son un tanto arbitrarias. Los caciques del poblacho son los dueños de esos saloones en los que los paisanos juegan al poker o a los dados, hasta conseguir la cantidad necesaria para pasar un buen rato con las meretrices del lugar.

Al igual que en los Soprano, no conviene encariñarse demasiado con ningún personaje, porque en cualquier momento pueden volarle la tapa de los sesos, por muy protagonista que pareciera ser. Las armas están por todas partes, las palabras más escuchadas son fucking/cocksucker y el instinto de supervivencia es lo único que les permitirá ver la luz del sol al día siguiente.

Los actores de "Deadwood" son tan creíbles como desconocidos, parecen teletransportados en el tiempo desde aquella época en la que Ab Lincoln escrutaba el panorama desde su omnipresente cuadro en las paredes de los sitios públicos, esperando que pasara algo, sabiendo que cualquier suceso inesperado era capaz de convulsionar esa pequeña sociedad tan moderna y supuestamente libre en su concepción, como atávica en sus costumbres.

Al principio cuesta empezar a verla, porque es lenta y es complicado hacerse con los personajes, pero después de unos pocos capítulos es imposible no engancharse a esta pequeña joya de la televisión, que nunca tendrá un hueco en nuestras cadenas en abierto; pero que con la magia de Internet, puede llegar a nuestras casas con la misma rapidez y crueldad con que las balas silvan en el horizonte no tan lejano de Deadwood.

domingo, abril 08, 2007

El principio del fin


Hoy comienzan los siete capítulos finales de “Los Soprano”, sin lugar a dudas, la mejor serie de la historia de la televisión. Las apuestas están 2 a 1 para aquellos que dicen que Tony acabará criando malvas antes de que acabe la serie … tendremos que esperar hasta junio para averiguarlo.

Han pasado ocho años desde que aparecieron por primera vez en la HBO, revolucionando las parrillas televisivas a base de problemas mafiosos cotidianos, de esos que a todos nos resultan tan familiares, porque si cambias al capo de turno por tu jefe y a los soldados por tus compis de curro: al final a ti también te apetecería cortar unas cuantas cabezas a diario, acabando la jornada tomándote unas birras en tu club de strip-tease privado.

Desde el diván de la doctora Melfi, Gandolfini se ha reencarnado en uno de los personajes más logrados de la televisión moderna, un insólito cruce entre Homer Simpson y Don Corleone, que en cada capítulo nos sorprende con su infantilismo y capacidad de liderazgo. Un tipo digno de estudio tanto en las escuelas de negocios como en las de psiquiatría.

La familia lo es todo para Tony Soprano, sobre todo mientras engulle cannolis viendo documentales de guerra en el canal de historia. Su fijación por las morenas sofisticadas de pelo rizado le va a costar un disgusto de un momento a otro. Su enorme barriga de Oso de la Cosa Nostra no nos deja ver sus capítulos que emite la Sexta a la una y media de la mañana. Nunca será un ídolo de masas en España ¿a quién le importa?

Una mañana David Chase se levantó en mitad de un sueño nada húmedo y pensó:¿por qué no hago una serie en la que cada capítulo sea una película en sí misma? Algo de calidad, para un público selecto y que a la vez enganche a cualquiera que lo vea. En ese momento sonaba un aria en su radio-despertador:

- Lo llamaremos "Los Soprano".



jueves, febrero 16, 2006

Tiempo de Tony


Después de ver las cinco temporadas de "Los Soprano" es inevitable estar ansioso por que empiece la sexta. Falta poco más de un mes para que la HBO comience a emitir la que según algunos rumores será la última temporada de una de las mejores series televisivas. Justo una semana después de la ceremonia de los Oscars el espectáculo continuará.

Para los que no la conozcan, hay que decir que el creador de "Los Soprano" es David Chase. El que fuera productor de "Doctor en Alaska" se sacó de la manga una serie novedosa partiendo de un género que parecía más que agotado. La clave del éxito de la trama no es otra que Tony Soprano, un tipo ciclotímico que demuestra constantemente que es capaz de lo mejor y de lo peor.

Los personajes son mafiosos de otra época injertados en el siglo XXI, si cogieras a Vito Corleone y le soltaras en la Nueva Jersey de hoy en día se volvería majara, y eso es lo que le pasa a Tony Soprano. Su mayor alivio es comer helado a granel mientras ve películas antiguas en el salón de su enorme casa, esa es una de las imágenes recurrentes de la serie, un remanso de paz que contrasta con sus habituales arrebatos de violencia.

¿Se puede ser un líder carismático y a la vez un enfermo mental necesitado de psicoanálisis? Según "Los Soprano" sí. Tony es un tipo capaz de reventarle la cabeza con un bate, sin pestañear, a cualquiera que le lleve la contraria y a la vez en cualquier momento se puede caer redondo al suelo víctima de una crisis de ansiedad. La palabra excesivo se queda corta a la hora de definir al prota de esta serie, para entender de lo que hablo no hay más que verle mamándose acompañado de bailarinas de strip tease en tanga y al poco rato regañando a su hijo porque no ha hecho los deberes. El patriarca de los Soprano es un extraño cruce entre crápula profesional y Family Man.

Uno entiende porque se le va la cabeza viendo la gente que le rodea: una esposa harta de mirar para otro lado; una hija buenecilla y progre en edad de merecer; un hijo adolescente caprichoso y descentrado; un sobrino yonki que aspira a ser su heredero; una hermana tan incontrolable como insoportable; un tío senil que ejerce de consigliere en la sombra y un grupo de "soldados" a los que Tony infunde tanto temor como desconfianza.

Los Soprano añoran una patria perdida que apenas conocen, no paran de engullir comida italiana mientras rememoran a sus ancestros de origen humilde. El dinero manda y Tony escoge como modelo de comportamiento a los emperadores romanos, una veces a Julio Cesar y otras a Calígula.

La amenaza latente del FBI está ahí siempre y hace mucho más interesante el viaje. No conviene encariñarse demasiado con ningún personaje, porque en cualquier momento puede desaparecer de la serie, sobre todo si intenta destacar demasiado o se va de la lengua.

El espectador se identifica por momentos con los protagonistas, con sus frustraciones, su ira, sus vicios. Considera a Tony un tipo entrañable y al rato tiene que detestarle porque acaba de liquidar sin piedad a su mejor amigo . El gran éxito de la serie es que da la sensación de que si fuéramos mafiosos nos comportaríamos como ellos, y si ellos estuvieran en nuestro pellejo no serían muy distintos de lo que somos.

Quedan 24 días para que vuelvan "Los Soprano", seguiremos esperando impacientes para ver los nuevos capítulos según los vayan emitiendo en USA. Tal vez llegue el día en que en España una televisión gratuita se digne a incluirlos en su parrilla, y es que pocas series reflejan tan bien las luces y sombras de la condición humana.