jueves, agosto 24, 2006

Afeitado apurado


Pacey es un tipo que nunca tendrá una serie que lleve su nombre y que soporta estoicamente como capítulo tras capítulo el tristón Dawson abusa de una enfermiza melancolía.

Su padre y hermano mayor siempre le recordaban que sería un fracasado, según ellos a lo más que podía aspirar era a trabajar en una gasolinera, viendo pasar coches que jamás podría comprarse.

Como no era el protagonista, Pacey siempre se tenía que conformar con la chica equivocada: profesoras pseudopederastas, esquizofrénicas y otras tantas mujeres disfuncionales conforman su curriculum amoroso. Pacey nunca podría aspirar a robarle la chica al prota ¿o si?

Joey es una mujer de belleza poco común, que unos años más tarde acabará dejándose seducir por la cienciología y su profeta de la eterna sonrisa. El de Pacey y Joey es un amor imposible, porque el mejor amigo del prota no tiene derecho a quedarse con su chica. A lo más que puede aspirar es a que le hagan un spin-off y alli todo gire a su alrededor, con los consabidos cameos de sus antiguos compañeros de reparto.

Pero un día Joey se da cuenta de que detrás de su aparente odio por Pacey se esconde una atracción irrefrenable y nuestro antihéroe conquista a la chica. Su osadía le costará a Pacey la amistad de Dawson y como su historia es imposible los tortolitos tendrán que romper. Él nunca podrá olvidar a la tal Joey, por mucho que en sucesivas temporadas se tire a todas la mujeres que pueda, cuanto más locas mejor.

Pero los guiones de TV, como la vida, a veces son impredecibles. En la última temporada el perdedor Pacey se transforma en un aprendiz de broker y empieza a tener el dinero por castigo. A lomos de su impecable BMW, Pacey surca las calles de Boston, derrochando billetes verdes y visitando casi a diario el Acuario de Nueva Inglaterra en la hora de la comida: le relaja ver especies marinas nadando en el inmenso estanque central.

Su padre y hermano ahora le hacen la pelota, y él no es rencoroso. Lo único que le interesa es mirar hacia delante, porque en el fondo sabía que nunca sería un fracasado, al menos mientras pusiera corazón y pelotas en todo lo que intentaba.

En uno de los actos finales, Pacey y Joey se quedan una noche encerrados en un supermercado. Sin más personajes que ellos, construyen una contundente historia de amor y redención. El nuevo Pacey triunfador se deshace de su estúpida perilla y su pelo para arriba, volviendo a ser el Pacey de siempre: ese lampiño perdedor, despeinado y sarcástico.

Como en el corto de Scorsese "Afeitado Apurado", todo gira en torno a la espuma y la cuchilla. A golpe de filomatic, el viejo Pacey vuelve cual ave fénix resurgiendo de sus cenizas, para recordarnos que por mucho que cambiemos la esencia tiene que perdurar.

Todavía está en el aire como acabará todo, pero ¿a quién le importa? En ocasiones una sola noche justifica una vida y en TV un capítulo soberbio da sentido a seis temporadas de adictiva ñoñería entremezclada con algunos momentos brillantes.

Pacey será recordado como uno de los personaje más muchachescos de la TV, un tipo que no estaba llamado a ser el protagonista, pero que se atrevió a desafiar a todos aquellos que decían que no era lo suficientemente interesante como para tener su propia serie.

viernes, agosto 18, 2006

La Roja de la ÑBA


Mañana empieza un mundial de baloncesto en el que por primera vez España es una seria aspirante al título. Dos hombres tienen la llave para convertirnos de una vez por todas en los más grandes: Pepu Hernández y Pau Gasol.

Los que no pudimos ver las Olimpiadas del 84 y tuvimos que ver las humillaciones de principio de los 90 ante las Angolas o Chinas de turno, no acabamos de creernos que nuestra selección de baloncesto pueda conquistar una medalla en un mundial o juegos olímpicos, sobre todo después del fiasco de Atenas 2004.

Desde el año 2001 la selección ha conseguido alegrarnos el final de verano, viendo como Gasol, Navarro y CIA, se codeaban con los más grandes con el mismo descaro con que se proclamaron campeones del mundo junior en el 99.

El quinteto de la roja se puede recitar de memoria por cualquier aficionado: Calderón, Navarro, Jiménez, Garbajosa y Gasol llevan jugando juntos seis veranos y se entienden como si llevaron haciéndolo toda la vida. Tres de ellos estarán el próximo año en la mejor liga del mundo, los otros dos podrían acompañarles allí sin despeinarse.

Calderón se sabe uno de los mejores bases españoles de la historia. Tras una mediocre primera temporada en Toronto, el extremeño se encuentra en su salsa con la roja puesta. Volverá a poner toda su inteligencia en la pista para guiar al equipo hasta lo más alto.

Navarro se volverá a reivindicar como uno de los mejores europeos que aún juegan en el viejo continente. Su juego, a ratos intermitente, volverá a ser crucial para marcar las diferencias entre un buen equipo y un equipo campeón.

Jiménez, tras un año a la deriva por culpa de los cantos de sirena desde la acera de enfrente, vuelve a ser el señor de los intangibles: un picapedrero de la zona con un careto que no gustará a los metrosexuales, pero sin el que los jugones no podrían lucirse y nuestra selección aspirar a todo.

Decir que Gasol es el mejor baloncestista español de la historia es una perogrullada. Es un lujo que siga viniendo a jugar con la selección, aunque ahora solo sea cada dos años. Pau es un ganador que no se conforma jamás, una mente privilegiada en un cuerpo de Goliat. Al principio no era santo de mi devoción, pero sus ganas de darlo todo con la roja y sus greñas de maratoniano eremita le han convertido en uno de mis favoritos.

Garbajosa es un crack. A sus 28 años el de Torrejón se muda a Toronto a demostrar a los gringos que desde Sabonis no ha habido otro pívot con su visión de juego y lanzamiento exterior. Volverá a decidir partidos y a liderar el equipo en la sombra.

Felipe Reyes, partiendo desde el banquillo, se encargará de mantener el prestigio de la estirpe indomable que el gran Alfonso fundó. Sergio Rodríguez aprovechará su magia para demostrar a los escépticos que tiene talento de sobra para jugar en la NBA. Rudy nos volverá a dejar pasmados con sus destellos y su capacidad para revolucionar choques adversos. Little Gasol se dejará la piel en la cancha para que los japoneses sigan confundiéndole con su hermano. Cabezas y Berni Rodríguez ya han saboreado las mieles del triunfo este año y no se piensan conformar con el típico quinto puesto. Hasta Mumbrú lo dará todo para dejar claro que merece jugar con los demás y volverse a vestir de merengue.

Esta generación es la que creció viendo como Magic, Bird y Jordan cambiaban para siempre el destino del baloncesto. Son los mismos que escuchaban atentos las narraciones de Trecet, Barthe o Montes; pensando que ellos también tenían derecho a estar entre los más grandes. Siguiendo su camino que le ha llevado de los patios de colegio a las canchas de 20.000 espectadores, Pepu Hernández guiará a buen puerto a los de la ÑBA, aprovechando como nadie los recursos de sus jugadores.

Entre los oponentes más fieros estarán el Dream Team descafeinado de Krzyzewski, la Alemania de Nowitzki, los tau-argentinos y los siempre cicateros griegos. No tenemos que tener miedo a ninguno de ellos, hay que romper de una vez la maldición del cruce de cuartos y demostrar que la mejor generación española de la historia merece estar en lo más alto.

miércoles, agosto 02, 2006

Más madera


Indurain fue uno de mis primeros ídolos deportivos. Recuerdo con una sonrisa aquellas míticas etapas del Tour a principios de los 90 mientras el resto de la casa dormía la siesta. El tipo era, y sigue siendo, un auténtico soso, pero, a la vez, era el más grande. Aquellos cinco Tours consecutivos son uno de los hitos más gloriosos del deporte patrio y es muy difícil que alguna vez se igualen por uno de los nuestros.

Miguelón nunca fue un Carpanta de los triunfos de etapa, le gustaba ceder las victorias parciales a los que le ayudaban a subir las cuestas y él siempre fue a su ritmo, sin importarle mucho lo que hicieran los demás. No era un buen escalador, pero era imbatible contra el crono. Él fue el precursor de los campeones españoles sin complejos: Nadal, Alonso, Gasol y demás, tuvieron en su infancia un espejo en el que mirarse y pensar que ellos podían ser tan buenos como cualquiera en el mundo.

Lo que más recuerdo de aquella época es las tardes sin siesta pegado a la tele, aunque la etapa fuera un coñazo. Las noches de Larguero, cuando te contaban que estaban durmiendo en un colegio. Aquellos Giros que coincidían con los exámenes y las primeras tardes libres del verano. Los Tours hacían más soportable el calor y aburrimiento veraniegos.

La penosa última temporada en activo de Indurain nos intentaron vender que Olano era su heredero natural, pero a mí nunca me gusto. Me parecía un sucedáneo de Miguelón, un calzonazos con mucho menos coraje y talento sobre las dos ruedas. Mi nuevo ciclista favorito era italiano y se le conocía como "El Pirata".

La leyenda decía que Pantani era el mejor en la montaña porque odiaba tanto las etapas en alto que se esforzaba al máximo para que se acabaran cuanto antes. Aquel tour del 98 Pantani se subió a la chepa del aparentemente inexpugnable Ullrich y se coronó campeón, convirtiéndose en el primer especialista en la montaña que lo conseguía desde los tiempos de Perico.

Mientras, en la Vuelta, disfrutábamos de nuestro propio Pantani: el genial Chaba Jiménez. El avulense ejercía de Curro Romero del ciclismo, regalándonos victorias épicas en cimas inhóspitas como el Angliru. El Chaba nunca ganaría una gran ronda, pero jamás dejaría que nos aburriéramos en una etapa de montaña. Era un tipo carismático como pocos, al que con facilidad se le perdonaban su irregularidad y falta de ambición.

El amigo que me contó el positivo de Pantani en el Giro fue el mismo que me mandó un SMS el día que murió. El principio del fin de mi afición a este deporte coincidió con la descalificación del Pirata en la ronda italiana. Todos sospechábamos que aquellas míticas victorias en alto no eran sólo fruto de los spaguettis y filetes, pero no esperábamos que le pillaran dopado con la maglia rosa puesta.

Lo que vino a partir de entonces fue el rodillo de Armstrong. El superhombre que había vencido al cancer se convirtió en el máximo exponente del Sueño Americano. Un tipo capaz de derrotar a la muerte y de proclamarse campeón 7 veces en un territorio hostil, pero que cuanto más ganaba más antipático se hacía, hasta llegar a ser insoportable fuera de su país.

Las muertes de Pantani y el Chaba fueron muy tristes para el ciclismo, pero lo peor de todo es que nadie aprendió nada de ellas. El positivo de Landis es una muesca más en la debacle de un deporte que parece incapaz de tocar fondo del todo, aunque sólo sea para volver de una vez a la superficie.

No sé cuanto hace que no veo una etapa del Giro, la Vuelta o el Tour. El ciclismo profesional me da asco. Corredores, mánagers, organizadores, patrocinadores y aficionados tienen las manos manchadas. Todos miran para otro lado mientras se confirman las sospechas de que este deporte está adulterado por todas partes. Lo peor sin duda es que chavales sanos pongan en juego su salud por un puñado de euros.

Todo esto apesta, lo único que puede salvar al ciclismo es que los máximos responsables se replanteen la dureza de las etapas y la duración de la grandes vueltas. Es hora de que la UCI decida si quiere ser la cuna de una cuadrilla de superhombres narcotizados o una federación deportiva seria. Mientras el planteamiento de las etapas no cambie siempre habrá un Eufemiano dispuesto a proporcionar pociones mágicas a los ciclistas.

García: - Indurain: ¿te dopaste alguna vez durante tu carrera deportiva?
Miguelón: - Otro tema, otro tema ...
García: - Pero Miguel, responde, que te esta oyendo toda España.
Miguelón: - Otro tema, otro tema ...

Aquellas tardes frente a la tele estuvieron muy bien, pero yo al menos prefiero que la próxima vez que le pregunten esto a un campeonísimo del Tour pueda decir alto y claro: NO.

miércoles, julio 26, 2006

Respuestas polvorientas


La película "Pregúntale al polvo" es la adaptación cinematográfica de la novela homónima de John Fante, el padre literario de Charles Bukowski. Fante y Buk son las dos caras de la moneda del Realismo Sucio. Cuando el viejo zorro alcanzó la fama, se encargó de que todo el mundo supiera quién era Fante y por qué le consideraba uno de sus escritores favoritos.

"Factotum" y "Pregúntale al polvo" tienen mucho en común: un protagonista perdedor que se empeña en escribir contra viento y marea, mujeres malditas capaces de crear un universo propio y una atmósfera rancia, en la que el tiempo pasa más despacio.

El protagonista, Arturo Bandini, es un Chinaski sin alcohol. Colin Farrell no acaba de hacer creíble el papel, tal vez porque ahora sabemos que bajo su apariencia de chico malo irlandés en realidad se esconde un niño bien de los que nunca tuvo que pelear por nada. Farrell consigue en la película que contemos los segundos para que vuelva a aparecer la auténtica protagonista: Salma Hayek.

Parece que durante su adolescencia Salmita vivía acomplejada por su estatura y escaso desarrollo corporal. Bajita, plana y poquita cosa; la joven Salma se encomendó al divino para que le ayudara a convertirse en la voluptuosa ninfa que hoy conocemos. En realidad nadie sabe a ciencia cierta que proporción de sus curvas son obra del bisturí, pero no es algo que importe demasiado.

El de Camila es un personaje en el que la Hayek encaja como un guante. Resulta imposible pensar en otra mejor para reencarnarse en la camarera mexicana, orgullosa, pobre y tenaz que mantiene una intermitente y tormentosa relación con Baldini, robándole el protagonismo a Farrell en cada fotograma.

Cuando leí "Pregúntale al Polvo" me decepcionó, esperaba algo más del inspirador de Buk. La película me ha gustado, porque, a pesar de en ocasiones ser lenta y farragosa, destila el aroma inconfundible de esos clásicos independientes sostenidos por una interpretación genial, en este caso, de la siempre sensual y esta vez magnífica intérprete: Salma Hayek.

lunes, julio 10, 2006

Un muchacho en la tierra de los Celtics

Lo primero que te encuentras al llegar a USA es un control de pasaportes parecido al que le hacían al joven Vito Corleone cuando llegaba a Ellis Island en el Padrino II. Mientras esperas la media hora de cola no haces más que pensar en que, si tu maleta ha llegado hasta allí, llevara un buen rato dando vueltas en la cinta de equipajes.

A Boston se la conoce como la Atenas de América, por las prestigiosas universidades que la rodean y por ser pionera en su país a la hora de implantar cambios sociales y culturales. De aquí salieron los Kennedy y, además, el estado de Massachussets siempre ha sido un bastión demócrata.

Lo que más llama la atención en estas tierras es el color verde: está por todas partes. La ciudad está rodeada de inmensos bosques, la mayoría de los carteles son verdes y es el color favorito en la vestimenta de la gente. Semejante despliegue es producto de la tradición irlandesa sobre la ciudad y tal vez algo de culpa también tendrán los Celtics.

El equipo bandera de la ciudad son los Boston Red Sox, que desde su añejo estadio de Fenway Park gobiernan con mano dura el corazón deportivo de la ciudad. Las gorras con la B típica de los Medias Rojas están en la mayoría de las cabezas de los Bostonianos. Los niños visten camisetas con el nombre y número de tipos como Varitek, Coco, Ortiz o González. Los latinos son los grandes dominadores de este deporte, que no entiendo, pero que cuando te acostumbras a verlo todo el día en la tele hasta tiene cierta gracia.

¿Y que pasa con los Celtics? Pues que hace 20 años que no ganan un anillo y aunque sean el equipo más legendario de la historia del baloncesto, la gente tiene una memoria volátil y se acaban hartando de la mediocridad de un equipo siempre a la deriva.

Los Celtics están casi a la par que los New England Patriots de la NFL en cuanto a popularidad, y ambos son infinitamente más importantes por aquí que los Boston Bruins, que por lo visto juegan al Hockey en la cancha de los Celtics.

El Banknorth Garden, antes conocido como Fleet Center, es el feudo de los Celtics. Está edificado sobre una estación de tren y nada más entrar allí te preguntas qué habrá sido del mítico Boston Garden y por qué no indultaron a semejante catedral del baloncesto.

Lo que más me ha sorprendido ha sido que los habitantes de estas tierras están muy interesados en el Mundial. Aprovechando la diferencia horaria, he visto la prorroga de la final en “The Cheesecake Factory”, probablemente el sitio con mayor variedad de tartas de queso de todo Massachussets.

La gente que poblaba el local se ha ganado mi respeto y admiración cuando han aplaudido a rabiar la expulsión de Zidane. El ambiente antigabacho era genuino, como debería ser en España; además, si eres tan tonto como para darle un cabezazo a un contrario en plena final del mundial, mereces el escarnio de todo bicho viviente sobre la faz de la tierra.

Pocos minutos después de que el gran Lippi se proclamara campeón del mundo, el camarero que me atendía me ha preguntado que con quien iba y le he contestado que siendo español, por supuesto con Italia. El tipo me ha contestado que era italiano, pero supongo que lo diría por sus antepasados, porque viéndole la jeta y oyéndole hablar, a mí me recordaba mucho más a Justin Timberlake que a Gattuso.

Es curioso lo que el mestizaje ha dado de sí por aquí, los británicos son unos tristones en comparación con los yankees que me estoy encontrado. Supongo que el clima hace mucho y también la lacra de que unos tipos que una vez fueron parte de tu imperio ahora dominan el mundo a su antojo.

Hay ratos en que te sientes como Alfredo Landa en una de esas películas que hacía con suecas en los 60, aquí hasta que no abres la boca no sospechan que eres extranjero, así que de primeras te hablan a velocidad nativa y utilizando todo tipo de endiabladas contracciones. Los camareros tienen unas 500 formas distintas de preguntarte si la comida está a tu gusto, y te lo preguntan 4 o 5 veces por comida, porque su sueldo es paupérrimo y la propina les va en ello.

Las casas son como las de “Aquellos Maravillosos Años”: cubiertas de un material blanco que no sé qué es, enorme jardín con canasta incorporada, distancia de seguridad con las viviendas de los vecinos … Utilizan en el coche hasta para ir al retrete y el transporte público es tercermundista.

Tal vez lo mejor por aquí sea la televisión: ponen Seinfeld tres veces al día y está tan arraigado en la cultura popular que la referencias a chascarrillos de alguno de sus capítulos son constantes. También destaca la HBO, que sólo pone series de calidad (una pena que Los Soprano estén descansando) y películas recientes.

Con tanto rollo celta es inevitable algo de nostalgia de Sanxenxo 2004 y Gales 2005. Esta claro que este sitio no es un país celta, pero sí que se esfuerzan para que no se pierda la herencia irlandesa y lo mejor que se puede hacer para apoyarles es beberse una pinta de Murphy en uno de los pubs que abundan en la ciudad.

Me voy a quedar con las ganas de ver las camisetas retiradas en la cancha de los Celtics, y es que antes que acérrimo seguidor de los Lakers soy mitómano y los de verde siguen siendo la mayor leyenda del baloncesto. Una pena que al final no eligieran a Sergio Rodriguez en el draft de este año.

Hace un mes veía empezar el mundial en las afueras de Cambridge y hoy lo he visto acabar a escasa distancia de otra Cambridge: la de “El Indomable Hill Hunting”, Harvard y el MIT. En este mes se ha vuelto a confirmar que nuestra selección de fútbol es puro humo y que los italianos, con sus chanchullos, su fútbol amarrete y un entrenador aparentemente acabado, ya tienen cuatro mundiales más que nosotros.

lunes, julio 03, 2006

Sosias


"13.99 euros" es uno de esos libros que se cruzan contigo en una de esas librerías de cabecera. Su autor es un tal Frederic Beigbeder, francés para más señas. El libro nos adentra en el mundo de la publicidad de la mano de un creativo obsesionado por escribir un libro incendiario para que le despidan de un trabajo que odia.

Esta novela tiene claras influencias de "American Psycho" y "Trainspotting". De la ultraviolenta novela de Easton Ellis toma el nihilismo y el aparente éxito profesional del psicopata protagonista. De Trainspotting toma prestado el surrealismo y la recurrente narcodependencia.

Se trata de uno de esos libros que se lee del tirón pero no deja poso, el universo franchute que rodea al personaje se hace insoportable por momentos, pero merece la pena leerlo por los momentos inspirados del escritor, capaz de inventarse islas fantasmas en las que famosos fallecidos en sospechosas circunstancias combaten el aburrimiento sodomizándose unos a otros.

El tal Beigdeber es uno de esos "modernos", que diría Boyero, pero también es de lo más original que he leído ultimamente: esta claro que me van las historias de tipos excesivos. "13.99 €" esta llena de pasotes y de tiburones publicitarios que nos quieren lavar el cerebro con sus spots, en los que el mundo parece perfecto y la felicidad se alcanza con la compra del producto anunciado.

Vivimos tiempos multimedia hiperpublicitados, puede que después de leer este libro se entienda mejor el sector que comercia con nuestros deseos, según parece la Felicidad es una exclusiva de Nestle, que tiene la patente y no nos la quiere devolver a menos que compremos sus productos.

domingo, junio 25, 2006

Tiki-Taka

Estamos ya en octavos de un Mundial a la alemana: casi todo esta siendo predecible y ajustado a los pronósticos de los “expertos” tipo Martin Jol, entrenador del Tottenham que predijo que España sería segunda de grupo por detrás de Ucrania, habría que verle la cara el día que los nuestros le calzaron 4 a Sheva y compañía.

Con la selección española sigo teniendo la sensación de haber llegado tarde a la fiesta y ahora todo el mundo está borracho menos yo. Parece que me perdí el mejor partido de la selección desde que le metimos 9 a los austriacos en tiempos de Camacho o tal vez desde que el Buitre le clavó 4 a los daneses en el mundial de México.

En la primera parte del partido contra Túnez me quedé sobado, fue un auténtico tostón y a las primeras de cambio me empecé a acordar de tantas y tantas decepciones con la roja, está muy claro que no soy un incondicional de la selección ni nunca lo seré. El partido de Arabia fue otro coñazo, aunque esta vez aguanté sin dormirme, porque me había echado la siesta antes.

El fenómeno del Mundial está siendo sin duda Montes, que ha sido descubierto por el gran público. Hay división de opiniones, a algunos les encanta y otros le odian, no deja a nadie indiferente. Su tándem con Salinas es de lo más surrealista, las excentricidades de Montes se están contagiando al vasco que en cada retransmisión se reivindica como garrulo oficial del fútbol español.

Tiki-taka, “Tiburón” Puyol, “Tócala otra vez Sam” y otras por el estilo ya forman parte de las muletillas de turno y se han unido a la mítica Jugón para entretenernos en los partidos más aburridos, que no son pocos.

Alemania va como una bala hacia el título, la “Revolución Alemana” –Segurola dixit- se aleja de sus orígenes jugando en casa. El Kaiser lo observa todo desde el palco mientras Klinsman, ese espigado delantero teutón que tendría que haber jugado en el Madrid, reinventa el fútbol más lineal del Planeta.

Maradona pega brincos desde la grada con la camiseta de “Le coq sportif” como si no hubiera pasado el tiempo y sus Muchachos - mal que le pese a Dani – ya han pasado la frontera de octavos, con más pena que gloria y sin acabar de encontrar un sucesor para el Diego: gran futbolista pero mediocre comentarista de los partidos españoles en Cuatro.

Los ingleses también están ya en cuartos, con un fútbol ramplón y cicatero, en el que tan solo Rooney da la nota discordante con sus jugadas imposibles y su pinta de Hooligan henchido de cerveza. Espero que Sven permanezca alejado unos cuantos miles de kilómetros del Bernabeu, porque ese tipo es una auténtica lacra.

En un rato Portugal-Holanda, el duelo de los extremos, el fútbol de verdad, sin cuadrados mágicos ni memeces por el estilo. Me gustaría que pasara Holanda, pero si al final gana Portugal también me alegraré y espero que cualquiera de los dos le dé un buen repaso a la Pérfida Albión en cuartos.

Es de traca que uno de los semifinalistas de este Mundial vaya a ser Italia, Australia, Suiza o Ucrania: caprichos del sorteo. Tengo cierta simpatía por los Aussies, el resto se merecerían haberse quedado en la primera fase y que selecciones como Costa de Marfil o República Checa estuvieran batiéndose el cobre en cuartos por méritos futbolísticos y para preservar la salud mental de los aficionados a este deporte.

Después de la primera fase Brasil sigue siendo la favorita para ganar el torneo, pero su fútbol no enamora. Tienen recursos como para que dos selecciones distintas estuvieran disputando este mundial con garantías. El partido contra Japón dejo bastante claro que a la vieja guardia de los Cafú, Roberto Carlos, Emerson & CO se le ha pasado el arroz. Brasil con Juninho, Robinho y Cicinho da mucho miedo y tarde o temprano Parreira los acabará poniendo, por la cuenta que le trae.

Hay que ganar a los gabachos. No quiero recurrir a los tópicos sobre camiones volcados, invasiones napoleónicas y su perpetuo complejo de superioridad sobre nosotros. Hay que ganarles porque somos mejores, porque somos el futuro y ellos el pasado. Porque hoy en día, deportivamente hablando, somos muy superiores. De una vez por todas, la selección tiene que hacer lo mismo que Gasol, Alonso o Nadal: demostrar que merece estar en lo más alto.

miércoles, junio 21, 2006

Serpaco


Pacino es uno de los actores más carismáticos del planeta, a sus 66 años la mayoría de sus películas están disponibles en DVD, entre las descatalogadas en España destaca "Serpico", que pide a gritos que alguien se digne a editarla en nuestro país.

"Serpico" esta basada en la historia real de un joven agente que poco después de graduarse en la academia se adentra en el ambiente policial neoyorquino de los 70. Los chanchullos y la corrupción están a la orden del día, pero Frank Serpico se niega a pasar por el aro.

"Mis amigos me llaman Paco" le dice Pacino a una de sus novietas en esta película, una de las imprescindibles del actor que se dio a conocer con "El Padrino", para luego consagrarse en esta, llegando incluso a ser nominado para el Oscar.

La impecable dirección de Sidney Lumet hace que los que apenas vivimos unos meses en los 70 sintamos que aquellos tiempos fueron irrepetibles y reivindica que el cine de aquellos años supera con creces a todo lo hecho hasta la fecha, siendo difícil que algún día se pueda igualar.

Serpico no acepta sobornos. Él es el último reducto de la honestidad policial y aunque sus compañeros le marginen, él seguirá sin tragar, porque si lo hace no podrá mirarse en el espejo por las mañanas, ni bailar al ritmo de uno de sus discos favoritos. Eligió el camino difícil y no tiene intención de cambiar de dirección aunque le vaya la vida en ello.

¿Qué es una película dogmática? Una de esas que cuando acabas de verla no solo te da la impresión de que eres mejor persona, sino que además parece que has aprendido algo útil para el día a día. "Serpico" es el ejemplo perfecto de película dogmática. Hay que revisitarla varias veces al año, porque no es fácil de ver, pero merece la pena adentrarse una vez más en las malas calles neoyorkinas de la mano del maestro Pacino, reencarnado en un personaje insobornable.

lunes, junio 12, 2006

A propósito del Mundial


Este es mi cuarto mundial (de los del 82 y el 86 no me acuerdo) y el primero que veo empezar fuera de España. Ahora mismo estoy en Cambridge, a unas 50 millas de Londres. Desde que aterricé en esta isla me di cuenta de que esta gente se toma el mundial muy en serio. Para empezar la mayoría de coches y casas están adornados con la bandera inglesa: la blanca con la cruz roja de San Jorge; no confundir con la Union Jack, que es roja, blanca y azul y representa a todo el Reino Unido.

Me cuesta imaginar semejante despliegue patriotero en España, no solo porque nuestra bandera más que un símbolo patriótico sea un elemento nacionalista español o antinacionalista (de los demás nacionalismos); sino porque los españoles estamos más que escaldados de ver a nuestra selección estrellarse en las grandes citas.

Los ingleses primero inventaron el fútbol y luego el merchandising en el fútbol. El sábado en Londres, coincidiendo con el primer partido de Inglaterra en el Mundial, las camisetas de su selección tenían un 70% de descuento. Ni que decir tiene que se vendían como rosquillas. Tampoco me imagino las tiendas de deportes de Madrid rebajando la casaca nacional, más que nada porque ni con esas la gente se la compraría.

Además de las lisas, se vendían también camisetas con el nombre de los principales jugadores del equipo inglés: Owen, Rooney, Beckham, Lampard, Gerrard y Cole. Toda Inglaterra sabe que salvo lesión, esos seis son el centro del campo y la delantera de su selección. ¿Alguien se atreve a pronosticar a quién alineará Aragonés en el España-Ucrania del miércoles? Seguro que a estas alturas ni el Sabio de Hortaleza lo sabe.

Unos días antes de empezar el mundial una televisión inglesa emitió un pseudo-documental titulado “Sven: el entrenador, el dinero y las amantes”. En él se diseccionaba la trayectoria de Eriksson al frente de la selección inglesa, en cinco minutos, los 50 restantes se dedicaron a relatar lo mucho que le gustan al sueco el dinero y las mujeres, por ese orden. En todo momento aparecía un doble de Sven en todo tipo de situaciones ridículas, incluyendo una gran variedad de escarceos sexuales. La conclusión es clara: si Clemente o Iñaki Sáez hubieran entrenado a Inglaterra en lugar de a España, hubieran acabado suicidándose.

En una de esas enormes librerías de Londres me compré la guía del Mundial de “Match of the Day”, que por lo visto es el programa futbolero más añejo de la televisión británica. La guía no está muy actualizada, por supuesto no aparecen Senna o Pernía. Además de los periodistas del programa opina en ella Martin Jol, entrenador del Tottenham Hostpurs. El bueno de Jol hace de pitoniso y pronostica que España será segunda de grupo, por detrás de Ucrania y caerá en octavos con Francia.

A la selección le ha tocado un grupo facilón como pocos, como no sean capaces de ser primeros en la liguilla, lo mejor sería que hicieran las maletas y volvieran a casa para que al menos dejaran de malgastar el dinero de nuestros impuestos.

Lo bueno es que al menos esta vez nadie nos mete entre los favoritos. Nos hemos colado en el mundial en la repesca, y aunque tenemos unos cuantos buenos jugadores, ni el seleccionador sabe como colocarlos para sacar el máximo rendimiento de ellos.

Lo malo es que al menos con Clemente o Sáez nos consolábamos pensando que el entrenador era un paquete y teníamos a quién echarle la culpa de nuestros fracasos. Pero esta vez me da la impresión que Aragonés es, de los disponibles, el entrenador más capacitado para sacar algo en claro de este equipo.

En previsión de un más que probable descalabro de nuestra selección yo ya he empezado a buscarme otros equipos a los que seguir de cerca. Sin duda me quedo con Argentina y Holanda. Los argentinos tienen un equipazo de arriba a abajo y vienen con ganas de quitarse la espinita del 2002. Los holandeses están dirigidos por Van Basten, posiblemente el jugador más elegante de la historia del fútbol, y ya va siendo hora de que ganen un mundial: se lo merecen por su eterna apuesta por el juego ofensivo con extremos.

Nos espera un mes interesante. Habrá que guardar un último cartucho de esperanza para nuestra selección y apoyarla como siempre lo hemos hecho: sin banderitas ni camisetas, a pecho descubierto y sin complejos. Al fin y al cabo nos podemos consolar pensando que tenemos la mejor liga del mundo y tarde o temprano surgirá una generación que cambie el rumbo de la selección española en los mundiales.

jueves, junio 08, 2006

La hora de los Jugones


Ahora que Montes se ha ido a narrar el Mundial a la Sexta supongo que la palabra "jugones" se utilizará un poco menos en las retransmisiones de la NBA. Lo que esta claro es que con las finales entre Dallas y los Heat lo vamos a pasar en grande.

Nowitzki es el mejor blanco que ha jugado en la NBA desde los tiempos de Larry Bird y lo ha demostrado cargándose en semifinales a Steve Nash, el otro aspirante a gran esperanza blanca. Nash es el mejor base de la liga, pero este año no se merecía el MVP de la liga regular.

Los Mavs y los Heat tienen algo en común, llevan años intentando colarse en las finales a golpe de talonario y hasta la fecha siempre se habían dado de bruces con la cruda realidad: para ser campeones, además de dinero, hace falta tener suerte, sin olvidar ese punto de fiereza y hambre de títulos que marca la diferencia.

Ver otra vez a Mr.Gomina entrenando en una final de la NBA es un lujo. Ryley ahora parece el padre del que ganaba anillos a pares con los Lakers, no ha envejecido nada bien y se ve que esta media temporada al frente de los Heat no ha sido nada fácil para él. Esta más que claro que está ahí para quitarse la espinita de ganar un anillo con un equipo que no sea los Lakers, si lo consigue volverá a su sillón de presidente o se jubilara y no le volveremos a ver el pelo engominado.

Mark Cuban es el Abramovich del baloncesto, uno de esos millonarios de las puntocom que ha invertido millones de dolares a fondo perdido en un equipo perdedor y que año tras año ha visto como su esfuerzo no valía para nada. Shawn Bradley, Nash, Finley, Laettner, Juwan Howard, Antoine Walker, Van Exel y hasta Dennis Rodman pasaron por el equipo tejano sin dejar poso. La imagen de Cuban gesticulando en la banda forma ya parte del imaginario colectivo de los aficionados de la NBA.

Algo parecido pasa con los Heat, desde que Riley entro en la franquicia jugones como Tim Hardaway, Majerle, Danilovic, Eddie Jones o Mourning han desfilado por Miami dando glamour al equipo, pero con escasos resultados deportivos. Tan escasos que cansado de no ganar, Riley decidió ejercer de presidente hasta que este año ha preferido saltar otra vez al ruedo.

Shaquille vuelve a las finales dos años después para demostrar que sigue siendo el mejor pivot del baloncesto actual. Como aficionado de los Lakers, espero que se vuelva a salir, porque se lo merece. Un jugador como el no puede salir por la puerta de atrás de ningún equipo y mucho menos de los Lakers.

Jason Williams, el blanco más negro de la liga, puede ganar este año un anillo de campeón, y eso es una buena noticia para el baloncesto. Williams representa como pocos la anarquía y la dejadez pero a la vez la magia y el espectáculo en estado puro.

Además del genial base de los Heat otros colegas suyos como Payton, Walker y Mourning tienen la oportunidad de hacerse con un más que merecido titulo después de largas carreras llenas de luces y sombras.

Dwayne Wade es el jugador de la NBA que más camisetas vende, uno de los tantos herederos de Jordan, que puede ser la pieza clave que decante la balanza a favor de los Heat.

El alemán Nowitzki va camino de convertirse en el mejor jugador europeo de la historia. El teutón de 2.10 las enchufa desde cualquier parte de la cancha y captura más de 10 rebotes por partido. El es el jugador franquicia por antonomasia y a poco que le ayuden Terry, Howard y Stackhouse la igualdad estará garantizada en estas series finales.

El "Pequeño Gran General" Avery Johnson volverá a aplicar su disciplina marcial a los tejanos con el único objetivo de hacerse con el anillo. En tan solo un par de años ha conseguido situar a su equipo en las finales y se postula como uno de los entrenadores mas prometedores del baloncesto actual.

En definitiva, nos esperan unas finales de la NBA de lo más interesantes. Mi corazoncito angelino me pide que sean los Lakers del Este (tambien conocidos como Heat) los que se lleven el titulo; pero a la vez apetece ver a un europeo consagrándose como el mejor jugador del planeta.